La memoria técnica define el proyecto, justifica la inversión y demuestra la elegibilidad ante el organismo. Es lo que la administración puntúa con baremo en concurrencia competitiva, y lo que vuelve a revisar en la justificación años después de haber concedido la ayuda.
Es también el cuello de botella del proceso. Una solicitud con la documentación administrativa impecable y una memoria copiada se queda fuera del corte. Al revés no ocurre.
Una memoria que aguanta el baremo lleva:
- Memoria descriptiva
- Cálculos justificativos
- Presupuesto desglosado según el modelo de la convocatoria, con partidas elegibles y no elegibles separadas
- Planos firmados
- Auditoría energética previa cuando la línea la exige
- Las declaraciones anexas de fondos europeos
Y una condición que no aparece en ningún índice oficial: cada apartado tiene que responder a un criterio del baremo. Una memoria que describe muy bien el proyecto pero ignora los criterios de valoración puntúa por debajo de otra peor escrita que sí los contesta uno a uno.
En INGEI la redactan los mismos ingenieros que después firmarán el proyecto y dirigirán la obra. Cuando la administración lo exige, visamos en el colegio profesional con el seguro de responsabilidad civil correspondiente. Son los mismos ingenieros colegiados que forman INGEI de principio a fin.
La memoria que acompaña a la solicitud no es el documento reglamentario de la instalación, aunque se apoye en él. Si la ayuda financia una instalación nueva o una ampliación, necesitarás también el que exige el reglamento, y ahí entra cuándo hace falta proyecto y cuándo basta una memoria técnica de diseño.